martes, 16 de octubre de 2007

enganchadas

Me engancho. Luego, al poco, me vuelvo a desenganchar. Después me echo de menos hablando aquí, como si lo hiciera al viento, igual que si estuviera delante de un micrófono en la radio y dijera palabras que no sé bien si alguien escuchará, y vuelvo a la costumbre del teclado, de elegir una foto de hace tiempo y de decir un poco cómo van las cosas por esta casa.
De momento mal, o no del todo bien. La búsqueda de trabajo tiene este tipo de cosas. Unos días estas arriba, contestas a una oferta de infojobs que es perfecta para ti y te da el subidón. Luego pasa el tiempo y nada. No pasa nada de nada y te quedas con el cuerpo como metido en un congelador.
Así van pasando los días y uno empieza a pensar que la tele no está hecha para que uno trabaje en ella, y que del periodismo mejor no hablamos, que, para el caso, está peor, que los guiones nunca le van a sacar a uno de pobre y que la literatura nunca fue hecha para comer de ella.
Un desastre completo. Un fracaso eso de no haber elegido como carrera, como futuro, la administración de empresas, el derecho o la ingeniería.
Yo iba para geógrafo. Me encantaban los mapas de isobaras. 'Por debajo de 1013 de presión puede llover' le decía a mi padre, que me miraba como quien mira a una iguana dentro de un terrario en el zoo, pero era más atractivo jugar con las palabras, hacer que tuvieran formas, que evocaran olores, que marcaran las sombras de las cosas que contaba.
De momento la aventura está saliendo regular, pero aún no he perdido la esperanza.

martes, 2 de octubre de 2007

la tierra


Las piedras, las aguas estancadas, el fango en los zapatos. De túnez ya no hablo. No tiene sentido. Muchos meses, mucho tiempo atrás. Yo tenía una sonrisa como la de la foto. Todas las demás también. Yo tenía un pájaro volando detrás de los dedos y las manos y las pestañas.
Ahora llega el mundo, llega la tierra y me los quita. Me pega un mazazo de aquí te espero y me tumba y me levanto y noto que acuso el golpe y me vuelvo a caer y clavo una rodilla en la tierra,en las piedras, en el fango y se me llena el zapato de soledad.
Ahora un trabajo nuevo. Ahora una nueva lista de sitios que visitar. Ahora un golpe por la espalda. Una intranquilidad. La sensación de que te da la espalda el mundo. Ahora.
Por suerte quedan aún sonrisas que iluminan, y gheisas, y besos con sabor a bombón de chocolate de Ecuador. Pero eso es casi como hablar de Túnez, hoy por lo menos. Eso es otra cosa.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Fuera del mundo

Así es como lo vería siendo pájaro. Pero claro está, un pájaro cojo de un ala, o un pájaro pequeño, de esos que se olvidan de ser pájaros, como un avestruz pero a la inversa.
Si yo fuera un pájaro que se asusta de volar y por eso lo hace bajo, así habría visto el zoco, ese lugar de colores absolutos y aromas fecundos.
Mucho turista, mucho timo,mucho 'mira, ven, solo mira'. Mucho 'por ser para ti lo dejo en dos dinar'. Mucho comprar cosas que no sirven para nada, solo para ir lastrando poco a poco la maleta de recuerdos con cuerpo y nombre y precio y apellidos.
Zoco desde una azotea de la medina

martes, 18 de septiembre de 2007

Las cosas absurdas


Hay veces que uno reflexiona y llega a conclusiones. Una reflexión que he tenido recientemente es: no tiene demasiado sentido escribir sobre algo que ha sucedido hace demasiado tiempo. Un ejemplo es este: una persona que narra estúpidamente unas vacaciones que acabaron hace ahora un mes.
Uno podría precisamente desdibujarlo, engañarse utilizando el aniversario como excusa. Pero no pasaría de ser una excusa. Supongo que lo escribo por el mismo motivo que puedo pasar semanas enteras sin trazar una línea en un bloc y luego, de buenas a primeras, cuando menos me lo espero, me descubro nervioso buscando plumas o papeles o ordenadores con páginas virtuales en blanco. Puede que no me lleve a ninguna parte, pero es el camino que voy escogiendo, y eso ya es bastante.
Túnez tiene una catedral (en realidad tiene varias, dos por lo menos, pero esta, por decirlo de algún modo, funciona). Está junto a la avenida de Francia, pero todavía en la avenida de Habib Bourguiba. Se encaja entre edificios, discreta. Pero se deja notar con sus dos torres gemelas coronadas en cúpula.
Entramos. Diana quería entrar y a mí me pareció una buena idea. Dentro había casi solamente turistas. Algunos fieles se arrodillaban rezaban en la semioscuridad. Las velas, derritiéndose, ponían cara de huevo frito que se olvidaen una sarténmucho tiempo.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

De Túnez al cielo


Es una lástima que las fotografías no sean capaces de captar el olor y que tampoco puedan retener el ruido. Quizá antes algo de esto podrían llegar a reproducir mediante las emulsiones químicas. Desde la llegada de la fotografía digital todo aquello se perdió para siempre si es que alguna vez llegó a existir.
El caso es que si mi cámara (digital) hubiera sido capaz de captar algo que no fueran formas y colores, texturas, temperaturas... las fotos que hubiera traído de Túnez casi se podrían comer. Casi podrían hablar ellas solas. Las fotos regatearían segundos de ser vistas. Venderían momentos al mejor precio, sensaciones a un dinar y medio.
Tal vez hayamos salido ganando todos con que no sea así.
La foto está tomada en el balcón de la casa del Bey. El Bey, uno de ellos, era el tipo que está puesto dos entradas más abajo. Era el máximo dirigente de Túnez y vivía, como todo buen máximo dirigente, en una casita en el centro. Así llegaba antes a la mezquita a rezar y, si se le antojaban dátiles para merendar, los sirvientes podían encontrarlos en la misma puerta.
La aventura de encontrar la casa, con su azotea, con sus vistas a las mezquitas y la poterior sesión de fotos, es carne para otra historia.
Aunque parezca mentira no me gustan los post largos. Lo que sucede es que me pierdo en las frases y así no hay forma de ser concreto.
Corría un vientecillo fresco ahí arriba. Nuestro guía nos enseñó, en la parte de abajo de la casa, que ahora es un centro para el comercio de alfombras, una fotografía de la reina, Sofía, la griega, esa. Nos pareció muy curioso.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Bienvenue en Tunisie

Diana me dio la idea de la foto. A mí no me entusiasmaba, pero a ella se la veía feliz con la idea. Llevábamos en Túnez apenas cuatro horas. Tiempo para regatear el precio de un taxi que nos trajera a la ciudad desde el aeropuerto. Tiempo para descubrir que un hotel de cuatro estrellas en Túnez no tiene por qué ser un hotel de cuatro estrellas de verdad. Tiempo para un kebap. Tiempo para conocer, aunque fuera solo un poco, la hospitalidad árabe. Tiempo para sentir en la piel un calor no del todo pegajoso y en la cara el viento cercano del mediterráneo.
Hay un olor a tabaco y sudor en el aire. La gente aprovecha cualquier jardín para tumbarse y charlar. Para tomarle el pulso a la noche tranquila. Es agosto.
Es ya casi la una de la mañana y Diana tiene la idea de que le haga una foto al panel. A ella le hace más ilusión que a mí. Por su ilusión disparo. Por su ilusión tenemos ya la primera foto del album, la bienvenida a Túnez en letras rojo sangre, en perfecto francés.

jueves, 23 de agosto de 2007

Regreso


Túnez tiene el cielo limpio y es una mezcla de arena y de turistas, de jeeps en el desierto y olores de zoco.
Acabo de volver de allí y no me acostumbro, la verdad. Madrid es otra cosa. Es una ciudad que da bocanadas, que no termina de vaciarse nunca, ni siquiera en Agosto. Pero ahora se respira un poco más de paz y la vida corre con menos prisa. Esa es al menos la impresión que me da, aunque, bien mirado, la cosa puede depender más de los ojos que miran, como siempre, de la velocidad a la que late cada corazón.
Me estoy poniendo al día con los blogs de la gente. Acabo de ver a Víctor paseando por Vietnam en su caballo metálico, sus fotos increíbles. Visito también a Dani y a Def, y a mucha gente más.
EN la foto el último de los beyes (no es una errata) de Túnez. El pobre murió en los años sesenta, así que la foto no es mía. Pero vale como documento, ¿no?