miércoles, 13 de junio de 2007

La sierra


Se estaba bien.
Lozoya, una casa con vistas a un lago que no era un lago y a un campanario que sí era un campanario y a un pueblo silencioso.
Motivos podía haber varios, como por ejemplo escapar del ruido de liga de fútbol y coches en que se quería sumergir Madrid este fin de semana. Pero fue Tilman (en la foto, a la derecha, bebiendo), o más concretamente su cumpleaños, el que hasta allí nos llevó.
Por cierto, para todos mis admiradores (que espero sean pocos) debo decir que acabo de ganar un premio de fotografía en Villaverde Alto.
La foto (que por ceirto no es nada del otro mundo) la pondré aquí cuando se exponga o se haga pública, por aquello de que no me desposean. Tienen la manía de querer que todos los premios sean a obras inéditas.

lunes, 11 de junio de 2007

el viejo y el mar


Que conste que es la novela que más me interesa de Hemingway. Aún con todo la recuerdo algo incierta, algo racista, algo machista como todo lo que escribió en su vida. En Adiós a las armas hace constantes referencias a que la mujer sin el hombre no deja de ser un elemento ornamental de la sociedad mientras que el hombre sin una mujer puede vivir tranquilamente siendo un ser completo. De hecho cuando ella fracasa al final de la novela en el intento de darle un hijo al protagonista fracasa de forma absoluta en su razón de ser. Tener y no tener es otro intento y por quién doblan las campanas no hace sino repetir la fórmula en la que una chica que ha de avergonzarse por cómo es logra su máximo objetivo vital al liarse con un perfecto desconocido y abandonar todo cuando es y cuanto posee para unirse a él con devoción.
Este viejo lo encontré en las calles de Madrid, mientras la gente gritaba que se fuera la yanki. Tiene algo de tierno por las ilusiones perdidas, por las decepciones que le han cincelado la cara de arrugas, por los sueños sin realizar. Pero aún así estaba el tipo con su puño en alto posando para mí, para mi cámara huérfana de periódicos en los que verse reflejado al día siguiente.

El niño y Bush


Condoleeza Rice decidió hacer una visita a España, pero hubo gente a la que no le gustó la idea. Y mira que, una vez aquí, entre visita y visita, dijo cosas interesantes, entre ellas lo de que era mejor que Guantánamo no existiera, pero que como la gente que estaba ahí metida era muy peligrosa, casi mejor que se quedara allí toda la vida.
Pero a lo que íbamos. La gente a la que la idea de que viniera aquí Condi decidió ponerse de acuerdo para gritarlo por la calle. Así, se montó una pequeña manifestación (IU), con banderas republicanas y pancartas, y gente con el puño en alto en la puerta del sol. Los turistas no parecían entender nada de nada. Sobre todo los turistas yankies, que veían todo aquello como aquel que va a un circo a ver a los leones un poco de lejos.
Se podían sacar fotos interesantes, pero me quedé con esta.
Saliendo de la manifestación, subiendo por la calle montera, un niño que no sabía qué significaba aquel papel sujetado por un palo.

jueves, 7 de junio de 2007

Más de Münster


Entre todos los parques que hay en Münster, hay uno que está alejado del centro. El parque tiene un lago y el lago tiene una leyenda.

No se trata de nada parecido a princesas convertidas en cisnes ni a príncipes que son ranas. Aunque, como en todas las leyendas, la libre interpretación está presente.

Sucede que en el lago del parque vive una cisne y varios patos. Hay, además, una especie de escultura flotante (patín) con forma de cisne y de color negro.

Según dice la gente del lugar, el cisne está enamorado del patín hasta tal punto que evita, temible, que nadie se acerque a él, ni siquiera los patos, ni los visitantes, ni otros cisnes que han vivido ocasionalmente en esa zona.

Un invierno, cuando el lago se heló, cogieron al cisne y se lo llevaron al zoo de la ciudad, pero el cisne estaba triste. Solo cuando le llevaron a su nueva casa el patín negro con forma de cisne pareció revivir.

Ahora, la mayoría de los turistas que van a Münster visitan el lago para ver a esta extraña pareja. A los niños le cuentan historias de príncipes y de princesas y de cisnes que lloran en invierno. Pero esas historias, como la mayoría que le cuentan a los niños, no son más que una ilusión de los adultos . Es lo que ellos desearían que fuera, y no la realidad.


En la foto el parque con el lago al fondo. La historia me la contaron después. Dos turistas parecen estar mirando al cisne.

Münster


Está un poco al norte de Köln.

Para llegar es indispensable echarse una siesta en un tren, llevar en el equipaje un libro que no tienes intención de leer y tener poco miedo a la lluvia.

Luego, al salir de la estación, uno se encuentra con bicicletas y con niños, con perros corriendo por parques enormes y verdes. Se encuentra con borrachos educados y casas de otra época (re)construidas gracias a un tipo llamado Marshal.

Fiesta de las culturas. Universidad.

Cervezas de mentira.

Olor a primavera que no se atreve a romper.

Y flores como estas

martes, 5 de junio de 2007

días


Te levantas, te duchas, vas al trabajo.

Ordenas tus papeles. Dejas que pase el tiempo. Unas horas. Escuchas

voces familiares. Observas cómo la gente

trabaja, charla, vive,

mira la pantalla con aire ausente o turbio,

teclea de vez en cuando, se amodorra.

Mientras

la ciudad continúa su pulso de fantasma

entre el cristal y el sol

con autobuses y metros que se quedan atascados en un túnel.

Sabor a agua amarga, a agua que se queda

varada en la botella quince días y sabe a tiempo muerto.


En la foto la catedral de Köln a punto de derrumbarse.

suelos

Estando en Köln tuve una pequeña meditación. Cuando se está solo se piensa mejor. Cuando se guarda silencio se piensa mejor. Cuando se mira a la gente sin esperar nada de nadie se piensa mejor. Así que ahí estaba yo, aprendiendo a andar por las calles de esa ciudad, solo, callado, contemplando los movimientos de la gente.
Fue entonces cuando tuve la reflexión. Los suelos de las ciudades nos cuentan su historia. Tuve la impresión de que el suelo que estaba contemplando en ese momento, bajo esa luz concreta, no podía estar en ningún otro sitio, solo en Köln. Igual que el suelo de la Gran Vía o el de la calle sierpes o el del paseo de Gracia o el de la calle Hinojosa de El Viso de los Pedroches (Córdoba).
Aquí lo dejo, pues, para uqe lo veais. Siete de la tarde.